jueves, 15 de febrero de 2018

Un consuelo que nubla la razón

La alcaldesa de Barcelona organizará un acto de homenaje a los familiares de los presos y fugados independentistas, pese a que su situación se debe a la aplicación del Estado de derecho, en el caso de los primeros, o al intento de eludirlo, en el segundo. La noticia podrá gustar más o menos, pero no debiera sorprender a nadie. La socia política de Pablo Iglesias y la formación que la sustenta se han significado a los largo de estos años por apoyar el proceso soberanista, especialmente cuando este se encontraba en horas bajas, como parece ser el momento actual.

Por tanto, no merece más comentario lo hecho por Ada Colau, salvo por un detalle del comunicado del Ayuntamiento de Barcelona dando cuenta del recibimiento preparado. Textualmente, el consistorio municipal señala que “se compromete a recibirlos y a ponerse a su disposición para facilitarles el apoyo emocional y psicológico que necesitan”.

Uno de los valores más excelsos de la izquierda política ha sido la solidaridad, que ofrece multitud de ejemplos en los dos siglos de la contemporaneidad transcurridos cada cual más noble. Pero, ya no se trata de ello, sino de consuelo, entrando de lleno en el terreno de los sentimientos, incorporando condicionantes emocionales al análisis. Esta característica parece ser consustancial a una nueva izquierda que además tiene a gala despreciar la hasta ahora existente. Esa es la novedosa guía que condiciona toda actuación. 


Un consuelo que, no lo duden, nubla la razón. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

Embalados

Dicen que el ser humano es incapaz de aprender y deben tener razón. 

Después de la terrible crisis vivida de 2008 a 2010, que supuso la explosión de la burbuja inmobiliaria, ya estamos otra vez embalados construyendo casas.  El número de ventas supone la mitad de lo alcanzado antes de que todo se fuera al garete.


Hemos salido de una brutal crisis, pero no hemos sabido crear otro sistema productivo que no esté tan ligado al ladrillo. No, no aprendemos.

jueves, 8 de febrero de 2018

Memoria e Historia

Defínese el oxímoron como la combinación de dos palabras con significado opuesto. Anoche, el célebre historiador estadounidense Stanley Payne estuvo en Madrid e impartió una conferencia en el Club Financiero Génova, en la que abundó en su conocida tesis de que la memoria histórica es, precisamente, uno de los ejemplos más representativas de dicha contradicción.

La memoria histórica como instrumento historiográfico, como análisis de nuestro pasado, ha gozado en las últimas décadas de un inusitado beneplácito por parte del mundo académico. Ello ha sido debido a la primacía que se ha dado a las fuentes orales y a la defensa, encomiable en cualquier caso, de los sectores sociales más desfavorecidos, tradicionalmente más iletrados, que al no consignar por escrito sus cuitas, han visto como su pasado quedaba enmudecido.

Especialmente, la memoria histórica ha sido utilizada para desentrañar en nuestro país la época  republicana, la trágica Guerra Civil y la consiguiente represión franquista, permitiendo llevar a primer término los planteamientos de los perdedores. Todos aquellos jalones han sido también estudiados por Payne, desde que llegó a España a finales de la década de los cincuenta como un joven estudiante de doctorado para realizar su tesis sobre la Falange a la que equiparó con los fascismos de entreguerras, no pudiendo ser difundida en aquella España sórdida, porque el franquismo la censuró, teniendo que ser publicada en París en 1965 por Ruedo Ibérico. 

La memoria, no solo la de los reprimidos, carece de la objetividad necesaria, por lo que no puede convertirse, en el marco de las ciencias sociales, en el único relato de una determinada época, al igual que sería caer en el mismo error, haciendo de las de los vencedores otro dogma. El historiador ha de saber acudir a todas esas fuentes, incluyendo por supuesto a las orales, para alcanzar unas conclusiones racionales, lo suficientemente explicativas de un determinado período. También de los más trágicos e injustos de nuestro pasado. 

Mi experiencia, como investigador de la Transición Democrática, redunda en ello. He necesitado relativizar mis recuerdos de aquella época para poder escribir como historiador. Un saludable ejercicio, que incide en disputar al yo subjetivo la desmedida relevancia adquirida en la Edad Contemporánea.


De eso y de otras cuestiones, habló ayer Payne, un hispanista de 83 años que no fue grato al franquismo, pero tampoco a otras maniqueas versiones políticas más actuales. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Aprender, porque nunca es tarde

Alemania nos ha vuelto a dar una lección sobre como se gobierna en una democracia. Democristianos y socialdemócratas, derecha e izquierda, han acordado de nuevo formar una gran coalición gubernamental.

Ambos partidos han sacrificado sus intereses particulares en aras del bien común. Especialmente el SPD, que la pasada legislatura sufrió un fuerte desgaste por haber entrado en el gobierno. Ahora, desde los ministerios de Finanzas y de Trabajo podrá hacer la política social que lleva en su ADN y recuperar a sus electores perdidos.

En España, durante los cuarenta años de democracia recuperada que llevamos, nunca han formado un gobierno conjunto el PP y el PSOE, otorgando a las pequeñas formaciones un peso extraordinario en relación con sus escasos votos. Ello ha supuesto en demasiadas ocasiones, excesivas concesiones.

No está de más aprender, porque nunca es tarde.


martes, 6 de febrero de 2018

La sombra de Cataluña es alargada

La encuesta última del CIS confirma que los bloques derecha e izquierda están sufriendo unos reajustes internos, pero también que el primero logra avanzar sobre el segundo. Si en las elecciones del 26 de junio, el PP y Ciudadanos fueron votados por el 46% de los que acudieron a las urnas, ahora logran un punto más, mientras que cerca de dos baja la suma del PSOE y Podemos.

Ese dato consolida la percepción de la existencia desde tiempo atrás de una crisis de la izquierda, que afecta  a todo el primer mundo, pero que, además, en el caso español experimentó un combate cainita entre la formación hegemónica tradicional, desde la recuperación de la democracia, hace cuarenta años, y otra emergente nacida de la protesta del 15-M. Tal duelo parece decantarse claramente a favor del PSOE, que gana casi medio punto con respecto a los últimos comicios, mientras que Podemos pierde más de dos.

En la derecha, las tornas han cambiado. Es la emergente Ciudadanos la que gana más de siete puntos con respecto al 26-J, los que casi pierde el PP.  Diversas causas explican tal relevante mutación, que algunos traducen ya viendo un nuevo inquilino de la Moncloa. Entre ellas la corrupción, pero sin duda que también la política territorial. 

La formación de Albert Rivera no oculta ya su pretensión de centralizar España, después del fiasco de Cataluña, donde se ha convertido en la única fuerza unionista con peso. Indudablemente, el proceso independentista catalán ha traído una reacción identitaria española, que también se experimenta en Cataluña, de la que Ciudadanos ha sabido aprovecharse, frente a un PP y, sobre todo, un gobierno que entre dudas y errores ha dejado desamparados a una parte considerable de sus votantes. La sombra de Cataluña es, sin duda, alargada.


lunes, 5 de febrero de 2018

Soledad

Iniciativas como la desarrollada por padres franciscanos en la localidad gallega de Betanzos de ofrecer un antiguo convento como lugar de encuentro de personas que sufren de la soledad, merecen todos los elogios.

La sociedad actual, tan telemática, donde lo virtual ocupa ya un lugar relevante y donde las relaciones sociales se encauzan a través de redes informáticas, induce a un abandono de los antiguos instrumentos de sociabilidad, incidiendo en una mayor soledad, especialmente extendida entre los más mayores.

El que será considerado, en las próximas décadas, como uno de los males más extendidos de los humanos del primer mundo, merece una mayor atención del Estado social de nuestras democracias. El Reino Unido ya ha creado un organismo, con rango de Secretaría de Estado, para analizar y proponer soluciones.


No deberíamos quedarnos atrás.

viernes, 2 de febrero de 2018

Respuesta judicial

Mientras el juez Pablo Llanera ha vuelto a dejar en su sitio a Puigdemont, al rechazar las pretensiones de este de negociar su investidura con la Justicia, ERC parece avanzar en la resolución del callejón sin salida del proceso soberanista, aireando que solo votarán por el expresidente si eso no implica consecuencias penales.

Las mayores actuaciones decisivas en estos años de desafío soberanista han sido propiciada por el poder judicial, mediante las decisiones del Tribunal Supremo y del Constitucional, que han dejado en evidencia a un ejecutivo, que salvo por la aplicación del 155, ha mostrado demasiadas torpezas. Entre ellas, la respuesta al 1 de octubre.


Ello demuestra la importancia de la división de poderes y enseña el camino a seguir: respuesta judicial. Eso es lo que debe hacer un Estado de derecho.